INTRODUCCION

ANTIPOSTALES DE SANTIAGO
Paisajes Ocultos

Georg Hoefnagel  –  Campania Felix / Publicada en Abraham Ortelius
Civitates Orbis Terrarum (1580)

La imagen de la bahía de Nápoles, cartografiada y pintada por Georg Hoefnagel en el siglo XIV, publicada en el primer atlas de las ciudades del mundo conocido (promovido y editado por Abraham Ortelius), por muchos es considerada entre las primeras postales turísticas.

Es la vista placentera de un paisaje ameno, ya casi virgiliano. Resultado de la prolongada acción domesticadora del hombre sobre la naturaleza. La vista es elegida con cuidado, buscando el mejor efecto escenográfico del paisaje que se despliega frente a nuestros ojos.

Esta voluntad de enmarcar las vistas (supuestamente considerada como la más hermosa) de un paisaje sigue hasta nuestros días, cómo lo atestiguan los letreros con símbolos de cámaras fotográficas que se colocan en las carreteras que serpentean quebradas o gulas profundas. Como a decirnos: “Viajeros, ¡parad aquí! Aquí es el mejor lugar para sacar la fotografía tan preciada para mostrar a la familia y los amigos.” Reiterando los antiguos mecanismos de las vedutas y la fijación del bel paesaggio.

Fue la ventana renacentista a permitir el recorte conceptual y estético de un paisaje a partir de un territorio. Adquirido hace poco las leyes de la perspectiva pictórica la ventana renacentista congela no solo las vistas estéticas de nuestro desordenado contexto sino que paralelamente sucumbe para siempre al efecto anestésico de la visualidad por sobre los otros sentidos de la percepción.

No distinto es el término inglés landskip; que reitera a su vez la predominancia visual de la imagen recortada para la fijación de nuestra realidad en constante evolución.

Entonces, ¿cómo liberarse de esta histórica constricción? ¿Cómo detectar o imaginarse nuevos paisajes más acordes a nuestra realidad contemporánea?

Una pista la encontramos en el término alemán de Landschaft, que aunque comparte con los términos de los otros idiomas la predilección para la impronta visual, queda abierta y hasta incluye de forma activa a los otros sentidos que nos caracterizan como ser humano. De hecho, se basa en el efecto sinestésico de todos los sentidos que en definitiva es el resultado de la ocupación corporal, temporal y productiva del territorio que habitamos.

Se dice que esto se debe a su íntimo parentesco con la Gemeinschaft, término alemán para comunidad, que se refiere a un modelo de socialización e interacción  integral entre las personas, el territorio y el medio natural. En una forma de vida así concebida, poco o casi ninguna importancia reviste la contemplación visual de un escenario estético y nostálgico. Al contrario, los acentos están más bien puestos en el duro compromiso cotidiano de los habitantes para subsistir en el territorio en el que les tocó vivir.

James Corner en su libro Recovering Landscape sugiere la operación eidética como aquella técnica específica capaz de visualizar los nuevos paisajes de nuestra contemporaneidad. En el griego antiguo, eidos hace convivir la idea abstracta-mental con la impresión retiniana de algo ya visto (como estas imágenes nubilosas arraigadas en nuestra memoria).

Imágenes cognitivas que revelan furtivamente las capas de nuestro ser en correlación con nuestro territorio y que de consecuencia nos permiten imaginar y proyectar nuevos paisajes.

Las antipostales son un ejercicio académico sostenido en el tiempo que de forma sistemática y metódica indagan en los fenómenos urbanos que nos rodean y con los que convivamos cotidianamente. Es un intento para regalar al turista comprometido una visión más profunda de Santiago y a nosotros la posibilidad de imaginar y proyectar paisajes urbanos más acordes a nuestras necesidades y sensibilidades.

Entendiendo al paisaje como un constructo cultural y mental estructurado en el tiempo, no hacemos diferencia entre lo natural y lo artificial, sino que nos detenemos más bien en su forma constitutiva.

Cada paisaje es el resultado de la articulación coherente de una cierta cantidad de elementos autónomos en recíproca relación. Un estado de cosas (utilizando la terminología wittgensteiniana) cuyo equilibrio se rige por determinadas leyes reconocibles y que equivale a una radiografía (oculta) de un fenómeno territorial. En cierto modo es la momentánea congelación visual de unos continuos movimientos de fuerzas en búsqueda de un equilibrio precario.

Las antipostales  ahondan en los paisajes urbanos de Santiago. Sobre todo en aquellos con una fuerte adherencia territorial que aún no han sido formalizados.

Se conciben como un set completo, compuesto por una serie de 7 a 10 imágenes y recogidos en un estuche del mismo tamaño de las postales. Óptimo para que quepan en los bolsillos o las mochilas de los turistas.

Criterios:

  1. Cada postal da cuenta de un determinado paisaje urbano.
  2. Cada postal es un elemento autónomo, autosuficiente en su poder expresivo (estética) y significante (contenido). Un fragmento que tiene sentido por sí solo, pero que se complementa en la serialidad.
  3. La postal se utiliza por ambas caras.
  4. El paisaje en la cara frontal. El enfoque de la toma fotográfica tiene que ser acorde a los atributos del paisaje.
  5. En el retiro datos útiles para relacionar el paisaje con su substrato territorial y social. Con el fin de entender y comunicar la complejidad del fenómeno.
  6. La serialidad de las postales, insistiendo todas en el mismo paisaje, supera lo casuístico y permite una narrativa coherente que dé cuenta del profundo arraigo social del fenómeno tratado.
  7. Si las postales son la radiografía puntual de un paisaje, la cartografía las ubica espacialmente en y las relaciona conceptualmente con su pertenencia territorial.
  8. La cartografía es la narrativa de segundo grado y su representación tiene que coincidir con el formato del estuche.